Qué es un ataque de pánico
Un ataque de pánico es una sensación de miedo intenso y malestar físico. Desde la Psicología Congnitiva Conductual se utiliza la técnica conocida como “Reestructuración cognitiva”. 
Tratamiento psicologico - ataque de panico

Un ataque de pánico, también se le llama «crisis de pánico», puede aparecer de forma repentina, provocando una sensación de miedo intenso y malestar físico que puede interpretarse como peligroso cuando en realidad no se percibe ningún estímulo real amenazante o causa aparente que lo provoque.

Cuando la persona está teniendo un ataque de pánico, puede sentir que está perdiendo el control, que tiene un ataque cardíaco o, incluso, que puede morirse.

La primera vez que una persona tiene un ataque de pánico puede manifestarse de manera inesperada y sin previo aviso pero, a medida que pasa el tiempo, por lo general las crisis de pánico suceden a causa de ciertas situaciones en donde interviene la anticipación con miedo de estos cuadros dando lugar a la cronicidad de los mismos  

Muchas personas pueden tener solo uno o dos ataques de pánico en su vida y, si se trabaja sobre la situación estresante que los provocaron, las crisis de pánico suelen desaparecen. En cambio, en casos en donde se presentan estos síntomas y no se realiza un abordaje serio y comprometido del problema, puede que los mismos se repitan en diferentes circunstancias debido a la falta de comprensión sobre el problema de tener ataques de pánico. Si estas crisis de pánico no se tratan, puede derivar en un trastorno del pánico ya que una reiteración del síntoma genera una hipersensibilidad a nivel del sistema nervioso central. 

¿Cuáles son los síntomas de un ataque de pánico?

Los síntomas más comunes de las crisis o ataques de pánico son:

  • Palpitaciones. 
  • Taquicardia. 
  • Sudor.
  • Temblores.
  • Ahogo o falta de aliento u opresión en la garganta.
  • Dolor en el pecho y/o en la cabeza.
  • Sensación de entumecimiento u hormigueo.
  • Náuseas.
  • Mareos.
  • Molestias abdominales.
  • Sequedad en la boca.
  • Sensación de que percibes las cosas o a vos mismo en forma extraña.
  • Sensación de peligro o fatalidad inminente.
  • Miedo a perder el control o a la muerte.
  • Entre otros síntomas que puede experimentar cada persona de manera individual.

Estos síntomas de los ataques de pánico pueden comenzar a percibirse de forma repentina: cuando estás en tu trabajo, caminando por la calle, esperando el transporte público, conduciendo tu auto, realizando tareas de tu hogar y pueden aumentar la intensidad de los síntomas a medida que pasan los minutos.

Siendo que los síntomas de los ataques de pánico son tan intensos, es normal que luego del episodio, la persona se sienta cansada y exhausta y necesite descansar para recuperarse. 

Circuito del miedo a nivel sistema nervioso central

Cuando nuestro organismo siente que está en peligro, genera respuestas de alarma que provocan estas crisis. Es decir, cuando tu cerebro percibe qie estás bajo alguna amenaza, sea real o imaginaria, automáticamente se activa una parte del sistema nervioso que provoca diversos cambios en nuestro cuerpo. Esos cambios fisiológicos se producen como una forma de preparación orgánica para afrontar el peligro que percibe. 

Es por esto que, para cada cambio o síntoma que percibes en tu cuerpo, existe una explicación. A continuación compartimos los principales síntomas de pánico y la interpretación distorsionada de los mismos: 

● Taquicardia, palpitaciones: el pensamiento catastrófico que surge frente a estos 

 síntomas podría ser “voy a morir”, “tengo un infarto”. La realidad indica que frente a un peligro real (o imaginario), el corazón se acelera para enviar mayor cantidad de sangre a las zonas implicadas en la reacción de alarma y así prepararnos para el ataque o la huida.

● Ahogo, falta de aire: Es común pensar “me voy a asfixiar”, “no puedo respirar, me ahogo”. La experiencia clínica muestra que nadie ha muerto de asfixia o ahogo durante una crisis de pánico. Por el contrario, aumenta el oxígeno en la sangre como resultado de la hiperventilación. La respiración, al ser una función automática, vas a respirar pienses o no pienses en cómo hacerlo. Incluso seguirás respirando aun dormido o inconsciente.

● Mareos: “siento que me voy a desmayar”. La gente casi nunca se desmaya durante una crisis de pánico. Esto se explica porque la tensión arterial tiende a subir y no a bajar. Por otro lado, al tensar las cervicales como consecuencia del miedo a las sensaciones, disminuye el flujo de sangre a la cabeza, generando los mareos. 

● Opresión o dolor en el pecho: El pensamiento “tengo un ataque cardiaco” responde a que los músculos intercostales se tensan debido a la hiperventilación o a mantener los pulmones demasiado llenos de aire. Las contracturas cervicales o dorsales irradian el dolor en la zona. También se debe a posturas corporales incorrectas habituales.

● Hormigueo en las extremidades: “me siento muy débil” “siento que me acalambro”, “se me durmieron las manos”. Son sensaciones que responden a la existencia de una mayor afluencia de sangre en los lugares que podrían ser necesarios, dejando al resto del cuerpo con un menor riego sanguíneo. De este modo, si el peligro fuera real y usted fuese herido estaría menos propenso a desangrarse.

● Náuseas o molestias abdominales: “voy a vomitar”, “me descompongo”. Estos síntoma responden a efectos normales de la ansiedad en el sistema digestivo, al disminuir la misma, mejora.  

● Temblor, pinchazos, parestesias (Sensación o conjunto de sensaciones anormales de cosquilleo, calor o frío que experimentan en la piel ciertos enfermos del sistema nervioso o circulatorio): “algo no está bien”. Estos síntomas de los ataques de pánico se deben al exceso de tensión muscular. 

● Percibir las cosas de manera extraña (sensación de irrealidad o despersonalización): “me estoy volviendo loco”. El tener sensaciones extrañas y el sentimiento de estar perdiendo el control suele ocurrir en todas las personas. Esto es diferente a la pérdida de contacto con la realidad a largo plazo. Por otro lado, la hiperventilación disminuye la cantidad de oxígeno en el cerebro. Se dilatan las pupilas aumentando así la visión periférica para facilitar la percepción de posibles peligros. Es por esto que percibimos de forma diferente lo que sucede alrededor nuestro.

● Cansancio, agotamiento: Esto sucede por mantener los músculos estirados y tensos durante mucho tiempo. Lo que se experimenta es una falta de sueño profundo y reparador. 

● Calor, sofoco , sudor , escalofríos: Estos síntomas se explican por el aumento de la temperatura en las zonas más vitales y puesta en marcha del sistema de enfriamiento de nuestro organismo, lo que provoca el sudor. 

Miedo al miedo

Es normal que, cuando se perciben sensaciones internas tengamos miedo. Pero, al focalizar la atención en captar esas sensaciones, lo que logramos es aumentar la percepción de los síntomas.

Además, estas sensaciones internas temidas son propias de la ansiedad. Es decir, cualquier pensamiento de que es peligroso tenerlas puede producirlas o incrementarlas.

Hay que tener en cuenta que nuestro organismo está diseñado para que estos cambios fisiológicos en nuestro cuerpo sean útiles frente a un peligro real. El problema es que cuando no estamos frente a un peligro real pero se interpretan como peligrosas, activan aún más el sistema de alarma aumentando el miedo: “miedo al miedo”.

Esto genera un círculo vicioso que despierta una falsa alarma que provoca un mecanismo de reflejo del organismo. Al activarse el círculo, la persona busca desesperadamente “apagar este incendio” generando alguna acción tal como huir del lugar donde se encuentra, con el fin de evitar activar las sensaciones temidas. 

A esto se lo llama “conductas de resguardo” cuyo objetivo es buscar seguridad. El problema es que estos mecanismos son lo que terminan generando un aumento del temor al no poder afrontar estas situaciones temidas con nuevas experiencias. 

Lo recomendable es intentar no realizar asociaciones automáticas catastróficas que solamente terminan facilitando el aumento de la frustración por las limitaciones que conllevan estas conductas. Por ejemplo: “Mejor me quedo en casa, mirá si tengo un ataque de pánico y no sé qué hacer en ese caso…”

Trata de confiar que tenés el control de estas crisis, es la mejor forma de perder el miedo al miedo.

¿Qué puedo hacer cuando tengo un ataque de pánico?

Existen unos tips para tener en cuenta en un momento de crisis de pánico: 

  • No  te alarmes: Tratá de dejar pasar esas sensaciones fisiológicas sin buscar inmediatamente catalogarlas como el comienzo de la crisis ya que ese miedo aumentará el autochequeo interoceptivo. Recordá que esas manifestaciones físicas no te provocarán la muerte y son parte de la crisis de pánico. Si tus chequeos médicos siempre dieron bien es importante que confíes en ellos.
  • Respirá en tiempos de 4 segundos cuando inhales y también cuando exhales. De esta forma evitarás la hiperventilación y la relajación que provocará acompañará el cese de síntomas.
  • Buscá un lugar tranquilo en donde no te sientas expuesto. Por ejemplo: si estás en la calle, podés buscar una plaza o parque. Si estás en tu trabajo, podés ir al baño. Al encontrarte apartado durante unos minutos sentirás más alivio ya que no deberás dar explicaciones a las personas que pueden expresar preocupación si te ven angustiado y elevarte más la ansiedad. Importante: Si no contás con un espacio de privacidad no pasa nada, simplemente buscá frenar la tarea que venías desarrollando y relajate hasta que te sientas mejor.
  • Buscá distracciones con algún elemento que esté a tu alcance y que generalmente logre captar tu atención. Por ejemplo el teléfono móvil (preferentemente para jugar, distraerse con algún estímulo pero en lo posible no lo uses para hablar con alguien acerca de la crisis). Otra forma de distraerte puede ser tu imaginación. Por ejemplo, contar de atrás para adelante, recordar alguna letra de una canción e intentar cantarla en voz baja, mirar algún punto del espacio donde te encuentres y tratá de analizar detalles del mismo, etc.. Lo importante es darle el tiempo necesario a la recuperación de este gatillo que se disparó ya que no se trata de una falla fisiológica en tu cuerpo sino una sobrerreacción de un estímulo en el circuito del miedo (lo que se conoce como respuesta funcional). 
  • Si querés llorar, ¡llorá! Puede suceder que sintamos un “nudo en la garganta” como consecuencia de la angustia que experimentamos en ese momento. En ese caso es importante habilitar esa sensación a fin de poder desahogarse y descargar esa tensión lo más pronto posible para que esas respuestas de ansiedad se desactiven progresivamente. 

¿Cuánto puede durar un ataque de pánico?

Los ataques de pánico son episodios de miedo repentinos intensos que son acompañados de síntomas físicos que pueden alcanzar su punto máximo en cuestión de minutos. Según cada persona, un ataque de pánico puede durar segundos u horas, pero la mayoría duran de 5 a 20 minutos. 

¿Cómo diferenciar tener ansiedad con tener un ataque de pánico?

Para responder esta pregunta vamos a explicar brevemente sobre la ansiedad. 

La ansiedad es un estado emocional que prepara a las personas en caso de peligro. Esto provoca reacciones fisiológicas en nuestro organismo que se expresan con síntomas como taquicardia, respiración agitada, sudoración y sensación de cansancio, etc.

Es un mecanismo que se da en todas las personas, es normal y adaptativo y mejora el rendimiento y la capacidad de anticipación y respuesta.

Cuando los síntomas de la ansiedad sobrepasan un límite y la persona siente miedo a perder el control, volverse loca o tiene miedo a morirse en ese momento, se produce una crisis o ataque de pánico. 

Podés leer más sobre la ansiedad en esta otra publicación que escribimos profundizando sobre el tema.

¿Qué tipo de tratamientos existen para controlar los ataques de pánico?

Desde la Psicología Congnitiva Conductual se utiliza la técnica conocida como “Reestructuración cognitiva”. 

Las personas que han tenido un ataque de pánico desarrollan un estado hiperalerta. Es decir, amplían su atención ante el mínimo estímulo proveniente tanto de su propio cuerpo como de una situación externa. Esto provoca interpretaciones catastróficas de lo que sucede. 

Por lo tanto, el papel de los pensamientos que surgen en ese momento son de suma importancia. Los llamamos pensamientos automáticos y sus características son: 

  • Se expresan en forma breve y fugaz.  
  • No son cuestionados a pesar de ser irracionales por lo tanto son creídos fielmente.  
  • Son espontáneos e involuntarios.  
  • Tienden a ser negativos o catastróficos.  
  • Hacen que la persona perciba sólo un aspecto de su ambiente (atención selectiva) desestimando aquello que no es coherente con sus pensamientos cargados de miedo. 

El tratamiento de los ataques de pánico se focaliza entonces en modificar estas distorsiones cognitivas (errores de pensamiento). 

Llamamos “reestructuración cognitiva” al trabajo de aprender a pensar de un modo diferente aquello que hacemos habitualmente cuando se empiezan a sentir los síntomas de pánico. Una de las tareas es intentar buscar un modo de pensar más funcional y mucho más adaptativo para esa situación. 

Los pensamientos automáticos distorsionados son aprendidos y, por lo tanto, pueden desaprenderse no solo desde el plano cognitivo sino del conductual (exposición a situaciones temidas para poder generar retroalimentación con nuevas experiencias exitosas).

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